La mirada de una aficionada 1.
Después del seco verano se empiezan a notar los cambios que van acercando el Parque de las Aguilillas a la etapa final del año.
El clima del parque es diferente y más benigno que el de las zonas urbanas al que estamos acostumbrados. La cubierta vegetal, además de fijar el suelo y evitar su erosión, actúa como esponja que ayuda a retener la humedad y como protección de las temperaturas extremas y de la acción del viento. Cuando se observa este contraste con las zonas urbanizadas o degradadas se intensifica la percepción de la vital importancia de arboledas como Las Aguilillas.
El otoño resulta muy interesante para la mirada atenta de los visitantes que gusten de observar las plantas que pueblan este espacio. Salta a la vista la etapa de fructificación de muchas de las plantas que dan identidad a este ecosistema.
Majuelo Palmito Acebuche
Sorprende la exuberancia de la floración de la cebolla albarrana al finalizar el verano.
Encanta la aparición de las pequeñas flores otoñales con las que plantas que pasan desapercibidas agradecen las primeras lluvias.
Es llamativa la intensidad de colores de la mandrágora.
Lo mismo sucede con la globularia.
Es interesante la observación en esta época del altramuz del diablo, planta caduca de verano que presenta sus primeros brotes de hojas junto con el inicio de su curiosa floración.
Increíble resulta el esplendor, cuando se acerca el invierno, de la clemátide de otoño. En su forma de trepar por arbustos y árboles podría haber inspirado la costumbre navideña de adornar los árboles con guirnaldas.
Si te interesa conocer mejor estas plantas del Parque Las Aguilillas, aquí tienes sus fichas informativas:
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